«En el inicio del confinamiento el consumo de libros electrónicos aumentó hasta un 140 % en el Estado español»

 Roger Canadell

Roger Canadell

22/04/2021
Àngels Doñate
Roger Canadell, profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC

 

Sant Jordi es la fiesta de los lectores y lectoras…, así como de los autores y autoras y los profesionales del mundo literario y editorial. Roger Canadell, profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC, vivirá la fiesta de este 2021 desde diferentes papeles del auca: lector y profesor, acaba de publicar Et devia una carta. Correspondència Miquel Martí i Pol - Joan Oliver (1961-1983) (EUMO), testimonio de la amistad entre estos autores, pero también de la construcción de una red cultural en tiempo de dictadura y de la realidad de la literatura catalana en aquellos años. A pesar de que volveremos a vivir la fiesta en pandemia, Canadell comenta: “Parece que con las medidas sanitarias y las restricciones de aforo podremos vivir un Sant Jordi bastante más comunitario”, y se muestra optimista acerca del futuro que llega, puesto que, según dice: “Colectivamente seremos más responsables de nuestro consumo cultural porque habremos tomado conciencia de la importancia de aquello que durante mucho tiempo no hemos podido vivir con normalidad.”

¿Cómo nace Et devia una carta. Miquel Martí i Pol - Joan Oliver (1961-1983)? ¿Qué te acercó a este proyecto? 

Como vecino de Roda de Ter y como filólogo hace años que estoy implicado en la actividad de la Fundació Miquel Martí i Pol, y también fui director adjunto. Mantengo relación con la familia del poeta y esto hizo que en 2019 Montserrat Sans, la viuda de Martí i Pol, me enseñara mucho material —del cual posteriormente hizo donación al legado de la fundación— que contenía la correspondencia mantenida entre el poeta de Roda y Joan Oliver, desde 1961 hasta 1983. A partir de esta donación empecé a hacer investigación de archivo, en Roda, Barcelona, Sabadell..., y apareció más documentación manuscrita y mecanuscrita que evidenciaba que en 1986 Antoni Turull, sobrino de Joan Oliver, con la colaboración del propio Miquel Martí i Pol, ya había empezado a preparar la edición de este epistolario. Finalmente, Martí i Pol desestimó la publicación de las cartas por las afirmaciones comprometedoras que aparecen, referentes a escritores, políticos, artistas y editores, pero dejó escrito que con el paso de los años aquel material tendría un valor “como documento histórico, literario y sociológico”. Esta afirmación fue lo que me empujó a retomar el estudio y la edición que se había empezado ahora hace 35 años.

¿Qué puede encontrar un lector o una lectora en este libro? 

Cuando leí las cartas por primera vez, enseguida tuve la sensación de que aquella correspondencia era interesantísima por muchos motivos, pero todos ellos se pueden resumir en tres. En primer lugar, esta correspondencia es el testimonio de una amistad creciente entre dos grandes amigos escritores. Leerlas permite conocer de primera mano la vivencia íntima de acontecimientos personales, como las enfermedades respectivas, las dificultades económicas, las ilusiones, las relaciones con otros escritores y artistas, etc. En segundo lugar, las cartas muestran cómo, en tiempos de dictadura franquista y también durante la llamada transición, escritores de diferente generación (Oliver era 30 años mayor que Martí i Pol), de procedencia social y geográfica diversa y con trayectorias vitales muy diferentes tenían conciencia de construir conjuntamente una red cultural común en todo el territorio catalán. Y en tercer lugar, el diálogo que mantienen Miquel Martí i Pol y Joan Oliver refleja la realidad de la literatura catalana y del mundo de la edición entre los años sesenta y ochenta. Hay que recordar que desde 1975 el poeta de Roda se ha mantenido como el autor más publicado en lengua catalana y que Joan Oliver fue, hasta los ochenta años, director literario de la editorial Aymà-Proa.

¿Para ti, qué aporta una carta a la hora de entender un autor y su obra? 

La edición de una correspondencia como la que se recoge en Et devia una carta no es nada más que la difusión pública de un diálogo escrito desde la intimidad y la franqueza por parte de dos grandes escritores. Esto permite conocer sin demasiados filtros aspectos biográficos poco conocidos: estados de ánimo, proyectos, ilusiones, decepciones... Pero a la vez, en el caso de Martí i Pol y Oliver, tenemos la suerte de que algunas de las cartas recogen la opinión, la crítica o la justificación de algunas obras propias. Y esto, como podéis imaginar, tiene un interés extraordinario: encontrar nuevas pistas de lectura para libros como Estimada Marta, L'hoste insòlit o Poesia empírica es fascinante.

Ahora ya no se escriben tantas cartas... ¿Crees que se perderá este género?

Los lectores que disfrutamos leyendo epistolarios y los editores o curadores que conocemos el valor de este tipo de material nos preguntamos si dentro de unos años podremos recuperar de las bases de datos los correos electrónicos personales o los mensajes intercambiados mediante las redes. Lo que sí que se puede afirmar sin temor a equivocarnos es que en buena parte de esta forma de comunicarnos que tenemos desde la aparición de la tecnología digital —que nos facilita muchas cosas, todo sea dicho— se habrá perdido la cadencia lenta del ir y venir de unas palabras que muchas veces eran esperadas con anhelo. Personalmente, cuando leo las “conversaciones escritas” que son las compilaciones de cartas me vienen a la cabeza las palabras de Maragall en el Elogio de la palabra: “Yo tengo fe sobre todo en la conversación, porque es el modo más natural de comunicación verbal, y contiene en germen todos los demás. Hay en ella una penetración más fuerte de los espíritus que se ponderan y equilibran.”

Como escritor, y lector, vivirás un Sant Jordi de nuevo en pandemia. Leer es un acto íntimo que ha sobrevivido. ¿Qué pasa con la parte social, festiva, económica en torno al libro? 

A diferencia del año pasado, parece que con las medidas sanitarias y las restricciones de aforo necesarias este 2021 podremos vivir un Sant Jordi bastante más comunitario que el año pasado. Evidentemente no veremos aglomeraciones en paseos, ramblas y plazas del país, ni colas repletas de gente en busca de una dedicatoria, pero aun así son muchas las iniciativas y las propuestas de todo tipo —muchas en las redes— que ayudarán a mantener mínimamente el espíritu festivo. Yo soy optimista por naturaleza y pienso que colectivamente, después de los estragos que la pandemia está causando en el ámbito de la cultura, disfrutaremos más y seremos más responsables de nuestro consumo cultural porque habremos tomado conciencia de la importancia de aquello que durante mucho tiempo no hemos podido vivir con normalidad: presentaciones de libros, conferencias, visitas a las librerías, idas al teatro, al cine o a conciertos, etc.

Durante el confinamiento, dicen que el hábito lector ha crecido. ¿Cómo lo valoras?

Efectivamente, el estudio que ha hecho el Gremio de Editores sobre los hábitos lectores de la población española indica que se ha llegado a máximos históricos en los índices de lectura en el Estado: un 57 % de personas leen una media de casi ocho horas y media cada semana, lo que es muy esperanzador. De hecho, el aumento progresivo empezó hace diez años, cuando se llegó a la cifra preocupante de un 45 % de lectores habituales. Sin embargo, desde los medios de comunicación, las redes, las bibliotecas, las escuelas, los institutos y las universidades, hay que velar constantemente por mantener el interés por la lectura. Y, puestos a pedir, un tipo de lectura que no solo nos distraiga, sino que, además, nos haga mejores.

El papel siempre será el papel. Pero los audiolibros, los libros digitales... ganan espacio. 

Las estadísticas nos dicen que, durante el tiempo de confinamiento y de restricciones de movilidad, en el Estado español el consumo de audiolibros y libros digitales ha aumentado mucho (¡hasta un 140 % y un 250 %, respectivamente, durante las primeras semanas del confinamiento!). Los que hace tiempo que trabajamos como docentes en el ámbito de la filología y la edición digital sabemos que lo digital, con mayor o menor medida, ha llegado para quedarse en el mundo de la edición. El error es plantear como una batalla la convivencia entre el libro en papel —que, por suerte, lo tendremos siempre, estoy convencido— y el libro digital. Cada uno aporta en momentos y en contextos diferentes su riqueza: uno permite un vínculo más afectivo, dicen los expertos, y el otro ofrece unas posibilidades de búsqueda, de portabilidad y de almacenamiento indudables. Lo importante es que, como hacemos en el Máster de Edición Digital de la UOC y en los posgrados derivados, los profesionales del mundo del libro estén muy preparados para poder trabajar de forma efectiva en el mundo de la edición, ya sea en digital o en papel, para garantizar publicaciones de calidad.

¿Qué nos ha comportado la literatura que hemos ido a buscar en este tiempo de incertidumbre?

Seguramente hay tantas respuestas a esta pregunta como lectores. A mí me parece que la literatura, por el hecho de pertenecer al terreno de la sapiencia (de sapere, de donde provienen las palabras sabor y saborear), nos ha ayudado a convivir de manera más tranquila, desde la interioridad, con la inevitable incertidumbre de la vida.

¿El lector y la lectora... nacen? ¿O se hacen?

Indudablemente, se hacen. Si en las casas, en las aulas, en las bibliotecas, en los metros, en las plazas, en los medios de comunicación... hay libros, se habla de libros, se intercambian y se recomiendan libros, la gente lee más. Los padres, y las madres, claro está, jugamos un papel muy importante: leer conjuntamente —cuando los hijos son pequeños, pero también cuando son adolescentes— y dejar libros al alcance donde elegir es esencial para estimular y educar el hábito lector. ¡Este sería el mejor plan nacional para el fomento de la lectura!

Y una pregunta más personal...: ¿Roger escribe y recibe cartas? 

Me hace mucha ilusión recibir cartas y, si puedo, escribirlas. Si bien es cierto que sucede pocas veces, desde hace unos años. Procuro escribir cartas en momentos especiales de las vidas de las personas a las que quiero. Continúo pensando que la carta, así como otros muchos textos de creación, conserva aquel silencio previo, aquella parada necesaria del ritmo frenético del día a día que nos permite tomar conciencia, decir, construir, crear y no solo comunicar.

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